Relevantes estudios como los realizados por la Academia Americana de Pediatría en 2015 y nuestra experiencia profesional o la de otros expertos, ponen de manifiesto las graves consecuencias de los abusos de las NTIC en niños/as; éstas se acentúan aún más si hablamos de menores de 3 años.

Hoy, lamentablemente, es muy común ver a bebés manipulando smartphones mientras pasean en sus sillitas o a pequeños/as que necesitan ver vídeos infantiles para comer, pero, qué consecuencias y qué les estamos enseñando, como adultos, permitiéndolo.

En primer lugar cabe recordar que el cerebro del niño está en pleno desarrollo y éstos dispositivos digitales le someten a importantes, y rápidos, estímulos audiovisuales que le obligan a una sobreactividad cognitiva que no siempre concluye con éxito. Una de las funciones cognitivas que puede ser especialmente afectada es la atención.

Es frecuente que niños/as expuestos a numerosas horas frente a las pantallas digitales presenten déficit de atención en sus actividades escolares, pero ésto ¿a qué se debe?

El cerebro ha sido mal acostumbrado a esa rápida sobreestimulación por eso se dispersa ante estímulos más naturales como pueden ser la lectura de un libro o la comprensión de una norma simple para llevar a cabo un juego.

También se ven afectados otros aspectos en el área social incluyendo el lenguaje oral. Al niño/a se le priva de momentos de interacción real con sus iguales o con adultos; adquiere un modelo de lenguaje antinatural (tiende a imitar las expresiones y entonaciones exageradas, pobres y repetitivas de los programas o vídeos infantiles). Debido a ésto podemos encontrar a niños/as que sorprenden por sus conocimientos no acordes a su edad madurativa e igualmente sorprenden por carencias en otros contenidos mucho más sencillos.

Por otro lado ofrecerle a estas edades, como instrumento calmante, estos dispositivos frente a los berrinches es privarles de su aprendizaje emocional (autocontrol, autoregulación). No podemos olvidarnos del consecuente retraso psicomotor que provoca (sedentarismo, falta de precisión dactilar, problemas de lateralidad o dificultades en el óptimo desarrollo de la bipedestación). A todo lo anteriormente expuesto hay que añadir la aparición de posibles problemas visuales.

En cambio no se trata de un daño irreparable en algunos casos, ya que éstos pueden ser tratados para corregirlos, mitigarlos o incluso solventarlos mediante intervenciones apoyadas en instrumentos tales como pictogramas, juegos educativos, libros, educación socioemocional, etc.

Nuestra recomendación: apagar las pantallas, al menos durante los 3 primeros años; posteriormente hacer un uso responsable de las mismas.

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